26 Maneras Que Sé Que Crecí Con Ansiedad Social

En mi infancia, yo era siempre la niña tímida y silenciosa. Nunca me preocupé por eso hasta que, a mis 19 años de edad, fui diagnosticado con ansiedad social. Al principio, no quise creerlo. Después de todo, yo podía salir de mi casa y ocuparme de mis tareas cotidianas. No podía tener ansiedad social, ¿no?

Recuerdo que, un tiempo después de que acepté mi diagnóstico, leí (en un foro de apoyo a personas con ansiedad social) que si uno era capaz de hablar con otras personas, ir a trabajar y tener amigas, entonces no tenía ansiedad social. Me sentí invalidado. Me sentí un farsante.

Sin embargo, no era ningún farsante. Simplemente, mi experiencia era diferente.

Si tu experiencia es como la mía, tu experiencia es válida. Si tu experiencia es diferente a la mía, también lo es. Estas son algunas de las formas en las que la ansiedad social me afectó (y me continúa afectando):

1. Cuando a los cuatro años empecé a ir a la escuela, se me hacía muy difícil hacer amigas. Me daba miedo acercarme a otros niños durante el recreo.

2. Durante todos mis años escolares, siempre tuve miedo de hablar o preguntarles algo a los profesores. Prefería quedarme callada a pesar de no haber entendido.

3. Me aterraban todas las figuras de autoridad. También me aterrorizaba la idea de meterme en problemas. Siempre permanecía en silencio cuando los profesores hablaban y jamás hacía algo fuera de lugar.

4. Cuando tenía 5 años, me pasé seis meses sin hablarle a mi maestra de escuela. Cuando ella pasaba lista y decía mi nombre, yo ni siquiera me atrevía a decir “presente”. Ella se conformaba con verme asentir. Sin embargo, yo quería hablarle, pero no sabía cómo.

5. Cuando tenía 12 y tuve que dar mi primer presentación oral, no pude dejar de temblar. Cuando los otros estudiantes dieron sus opiniones sobre mi actuación, eso fue lo primero que mencionaron.

6. Esto continuó durante varios años. Aprendí a no temblar tanto, pero, incluso hoy, pensar en dar una presentación me revuelve el estómago.

7. Cada vez que había una reunión de padres en la escuela, los profesores siempre les decían a los míos que yo no participaba lo suficiente en clase.

escuela hacer amigos_ansiedad8. Siempre tuve muy pocos amigas. A veces, incluso ninguna. Le tenía miedo al rechazo, por lo que era muy callada y “aburrida”.

9. Llamar a alguien por teléfono implicaba pasar varias horas planificando lo que iba a decir. A veces, ni siquiera era capaz de hacer la llamada.

10. Cada vez que comíamos afuera, yo necesitaba practicar varias veces la forma en la que iba a pedirle mi comida al camarero.

11. Y, una vez que lo hacía, entraba en pánico si el camarero me preguntaba algún detalle extra.

12. Me preocupaba constantemente por la forma en la que los extraños me miraban y me sentía juzgada.

13. Si mis amigas hacían cosas sin mi, siempre pensaba que me odiaban, que estaban hablando mal de mi o que me estaban ocultando algo.

14. Lo mismo sentía cada vez que los veía teniendo una conversación sin mi.

15. Cada vez que alguien cancelaba sus planes conmigo, yo pensaba que esa persona simplemente no quería estar en mi compañía.

16. Si oía que alguien pronunciaba mi nombre, asumía que debía estar hablando mal de mi.

17. Siempre era muy cuidadosa con mis palabras y mis opiniones por temor a ser juzgada. Suponía que lo mejor era quedarse callada y no decir nada que pudiera disgustarle a la otra persona.

18. Planeaba previamente todas mis conversaciones. Tanto las importantes como las insignificantes.

19. A pesar de todo, mis conversaciones nunca, nunca salían de acuerdo a mis planes.

20. Me pasaba horas analizando las conversaciones que había tenido y me obsesionaba con todo aquello que podía haber dicho y no había dicho (o viceversa).

21. Luego de hacer eso, me quedaba llorando en la cama, odiándome a mi mismo por no haber dicho las palabras correctas.

22. Me ponía nerviosa cuando estaba rodeado de gente y me aislaba, ya que no sabía que decir.

23. Luego de eso, me convencía a mi mismo de que debían odiarme por ser demasiado callada.

24. Cada vez que alguien se demoraba en contestarme un mensaje de texto, yo asumía que esa persona ya no quería hablarme o que algo terrible le había sucedido.

25. Empezar terapia y pensar en hablarle a un extraño sobre mis problemas me hizo llorar durante días.

26. Además, por supuesto, la certeza de que no le caigo bien a nadie y que nadie quiere hablar conmigo.

 

Si alguno de estos parece su experiencia, sepa que es válido y que no tiene que permanecer así. Puede obtener ayuda, merece ayuda y puede mejorar.

 

fuente:themighty.com/2017/02/growing-up-with-social-anxiety/

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